Los tambores en la santería (2)

tambor bata El pueblo yoruba originario de la parte occidental de Nigeria, desde sus inicios, orientó su adoración a las deidades a través de fiestas y cantos en su propia lengua. Cada uno de esos cantos es un rezo específico que invoca a una determinada deidad y sirve para agasajar a las espiritualidades del panteón afrocubano.

Existen tres estilos de ritmo de tambor con diferentes funciones:

  • Aberikolá,  tambor para el muerto
  • Wemilere o Güiro, tambor de festejo, no consagrado
  • Batá Añá, tambor de fundamento, consagrado

El tambor Aberikolá sólo se ofrece directamente al muerto o algún ancestro fallecido que lo solicite. En el tambor Aberikolá, las deidades vienen “llorando” mostrando su tristeza por la pérdida de determinado iworo. En este tambor los orishas no “hablan”, llegan, saludan y se despiden. Es habitual la presencia de Oyá en un tambor Aberikolá.

Antes de la ceremonia en la que se tocarán los aberikolá, no se prepara ninguna comida para los músicos ni se realiza ningún sacrificio animal a los tambores, como suele hacerse en el caso de los Batá Añá.

Los Aberikolá pueden fabricarse utilizando una gran variedad de materiales como láminas de madera ensartadas como un tonel o incluso con fibra de vidrio. A menudo se utilizan fijaciones metálicas para tensarlos, como es el caso de las congas. Pese a ello, a veces pueden fabricarse exactamente de la misma manera que los Batá Añá.

El tambor Wemilere o Güiro se ofrece directamente a alguna deidad que lo solicite y sirve para depuración y diversión de los creyentes.  El tambor Wemilere que algunos conocen como Güiro, es para diversión de los creyentes. Se usan tambores tradicionales no sacramentados. En este tipo de tambor, son las espiritualidades yorubas, las únicas que vienen a participar del festejo o celebración. El Wemilere nace en el signo Eyeunle Odi  (8-7) del diloggun.

El Tambor Batá Añá se ofrece directamente a alguna deidad que lo solicite y sirve como ebbó u ofrenda específica. Estos tambores tienen que estar consagrados y son utilizados únicamente por hombres iniciados para tal función llamados Omó Añá. Por tradición, los tamborileros deben estar iniciados aunque algunas familias religiosas recurren a individuos que solamente han realizado un ritual denominado: “lavar sus manos”.

Los tambores Batá Añá son tres: uno grande, uno mediano y otro más pequeño. Los Batá Añá se fabrican vaciando el trono de un único árbol y son tensados utilizando correas de cuero o de cuerda.

En el tambor Añá viven tres deidades que son reverenciadas con rituales específicos y nace en el signo del diloggún Odi Eyeunle  (7-8).

En estas ceremonias rítmicas participan los oloshas o iworos (iniciados), aunque se permite la participación de toda la comunidad de creyentes incluso si no están coronados. Los santeros bailarán delante del tambor (si es de fundamento) y los aleyos o no iniciados detrás de estos últimos.

En estos rituales no se debe ofrecer bebida alcohólica alguna, a excepción de alguna deidad que lo solicite para su consumo personal. Generalmente, se debe tener preparado sheketé (bebida tradicional) para ofrecer a los aleyos si es necesario pero siempre después de finalizado el tambor. El sheketé es una bebida preparada con zumo de naranjas agrias, agua, azúcar morena y granos de maíz tostado. Se deja reposar durante 21 días a la sombra y ya está lista para ser consumida.

Excepto en el caso del tambor Aberikolá, las deidades durante el toque del tambor vienen a disfrutar y ofrecen a su comunidad valiosos consejos y las deidades se manifiestan verbalmente en su propia lengua.

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